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Opinión (9)

Por: Ulahy Beltrán López[1]

The Lancet, la prestigiosa revista médica británica de publicación semanal, trae en su última edición los resultados de un estudio que analizó un efecto de la pandemia generada por el SARS-CoV-2 y que resulta tan catastrófico como la pandemia misma: la orfandad de millones de niños en el mundo.

El estudio realizado en 21 países de los diferentes continentes, analizó la tasa de mortalidad por Covid-19 de los cuidadores primarios o principales (padres y abuelos custodios), que son los que cuidan al niño en lugar de los padres cuando éstos últimos no están en el hogar, y de los cuidadores secundarios (abuelos y otros familiares mayores), entre 60 y 84 años, que viven en el mismo hogar y que junto a los padres, colaboran en la crianza.

En este estudio modelado y que The Lancet dio a conocer a la comunidad científica mundial esta semana, (Global minimum estimates of children affected by Covid-19-associated orphanhood and deaths of caregivers: a modelling study), se estima que la mortalidad de los cuidadores primarios fue de por lo menos de uno por cada 1000 niños. En ese sentido la revista menciona que al menos 1,1 millones de niños habrían perdido por lo menos a uno de sus cuidadores primarios en esos 21 países (entre los que se mencionan Perú, México, Brasil, Colombia, Estados Unidos, Argentina, Alemania, España, Rusia, Irán, Sudáfrica, Kenia y Malawi).

Sin embargo, la cifra resulta mayor en la medida que se considera también la mortalidad de los cuidadores secundarios, subiendo la cifra a 1,5 millones de niños que durante los 14 meses iniciales de la pandemia perdieron a unos u otros, y en algunos casos, a unos y otros.

Según el estudio 1,13 millones de niños en los países analizados perdieron a uno de sus progenitores o a un abuelo custodio debido a un fallecimiento asociado con la COVID-19. La investigación evidencia que estas “muertes asociadas” a Covid-19 eran mayores entre hombres que entre mujeres en todos los países del estudio, así como también de mayor ocurrencia en personas con edades medias y avanzadas. De igual forma, el estudio mostró que había hasta cinco veces más niños que perdían a su padre que a su madre.

Para los investigadores, las “muertes asociadas” a Covid-19 resultan de la combinación de los fallecimientos generados por causa directa de la enfermedad y también las debidas a factores relacionados como las cuarentenas, la restricciones a la movilidad, las limitantes a la interacción social, las barreras de acceso o la disminución en el uso de los servicios de salud y la misma interrupción en el tratamiento de patologías crónicas.

El estudio también modeló la tasa de orfandad (muerte de uno o ambos progenitores) relacionada con Covid-19, detectando que 1,13 millones de niños perdieron a uno de sus progenitores o a un abuelo custodio debido a una de estas “muertes asociadas” a Covid-19. De estos niños, un millón quedó huérfano de madre, padre o de ambos, aunque la mayoría perdió a uno, no a ambos progenitores.

Así las cosas, el estudio aporta importante información a las autoridades sanitarias en el mundo sobre los que serán los problemas de salud en el futuro de esta población infantil así afectada, toda vez que experiencias fuertemente traumáticas en la niñez como la pérdida de un progenitor o de un cuidador, están fuertemente asociadas con la adicción y el consumo de sustancias, las diversas afectaciones de la salud mental, además de las relacionadas con el comportamiento y algunas enfermedades crónicas.

Por eso la relevancia que tiene este estudio dado a conocer en The Lancet, tanto que así lo ponderó Nora Volkow, Directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) y uno de los financiadores parciales del estudio, quien lo consideró como “crucial a la hora de esclarecer las consecuencias duraderas de la pandemia de COVID-19 para las familias y la futura salud mental y el bienestar de los niños de todo el mundo”, (More than 1.5 million children lost a primary or secondary caregiver due to the COVID-19 pandemic).

Por ello, para todos los países del mundo, incluyendo Colombia, que además fue uno de los países analizados en esta investigación, debe ser prioridad el acompañamiento integral, médico y afectivo de esta población que resultó huérfana de uno o de los dos progenitores por la pandemia por Covid-19. Es claro que para estos niños y niñas la pandemia los marcó tristemente de por vida arrebatándoles uno o los dos padres. Sin embargo, tal y como lo asevera Nora Volkow al ser citada en la precitada revista británica, “aunque el trauma que experimenta un niño tras la pérdida de un padre o cuidador puede ser devastador, existen intervenciones basadas en la evidencia que pueden prevenir consecuencias adversas posteriores, como el consumo de sustancias, y debemos garantizar que los niños tengan acceso a estas”.

Así pues, para los que estructuran y dirigen las políticas públicas de salud en Colombia el mensaje es claro: a pensar desde ahora mismo en la población infantil que quedó huérfana por la pandemia, defínanle planes y programas específicos para mitigar esa pérdida irreparable que ya ha sufrido, prevénganle de manera efectiva las consecuencias de esta situación que ha vivido, impidan que llegue a crecer con adicciones evitables y háganle disponible el acceso a todas las intervenciones a las que esa población vulnerable y protegida tiene derecho para que no sufra, pero que también el Estado tiene el deber y la obligación de suministrársela. Hay que proteger y cuidar a quienes se quedaron sin cuidadores por la pandemia: a los huérfanos por Covid-19.  


[1] Es: Médico Cirujano, Especialista en Gerencia de Servicios de Salud y Especialista en Seguridad Social Latinoamericana. Ha sido: Vicepresidente de la Junta Directiva Nacional de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC), Consejero Nacional, Departamental (Atlántico) y Distrital (Barranquilla), de Seguridad Social en Salud, miembro de juntas directivas de IPS privadas y de empresas sociales del estado, asesor en salud de la Contraloría General de la República, gerente del Hospital Universitario CARI ESE. Actualmente: docente universitario, columnista en medios impresos y virtuales, consultor y asesor en servicios en salud, editor de NOTAS DE ACTUALIDAD EN EL SECTOR SALUD. Todas las columnas del autor encuéntrelas en https://ulahybeltranlopez.blogspot.com o solicítelas al contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Por: Ulahy Beltrán López

En el más reciente Puesto de Mando Unificado (PMU) con presencia del Señor Ministro de Salud, realizado el pasado viernes 16 de julio de 2021, se presentó el balance del plan nacional de vacunación (PNV) contra el coronavirus SARS-CoV-2. En dicho evento se informó por parte del Ministerio de Salud que en Colombia, a esa fecha, se habían aplicado 22.947.717 vacunas, habiéndose superado en varias ocasiones el umbral de las 400 mil dosis diarias.

Si bien esas son noticias positivas frente al propósito nacional inicial de alcanzar la meta de vacunar el 70% de la población que le significaría a Colombia alcanzar la “inmunidad de rebaño” como protección colectiva en sus habitantes, resulta pertinente también revisar algunas situaciones que preocupan del PNV y que resultan tan importantes como los avances positivos de esta estrategia de salud pública.

La consideración inicial es que hoy día existe suficiente oferta mundial de vacunas, lo que implica que en Colombia no deben existir problemas de disponibilidad de vacunas, tal y como se informó en el PMU antes citado, cuando se anunció que habían llegado a la fecha al país 30.496.244 vacunas de acuerdo y que habían sido distribuidas 28.021.668 vacunas a las regiones para su aplicación correspondiente.

Sin embargo, se ha notado de manera reciente que en algunos días ocurre la disminución del ritmo diario de vacunación, lo que automáticamente pospone la fecha para alcanzar el pretendido 70% de la población inmunizada; eso pudiera indicar que a pesar de haber suficientes vacunas disponibles en el nivel nacional, no siempre la distribución y la asignación de dichas vacunas a los territorios ocurre con la dinámica debida, o que el aparato logístico territorial no está aplicando las vacunas a todas las personas que debiera vacunar, o por lo menos en el tiempo razonable para hacerlo. Además, existe una circunstancia que genera intranquilidad: algunas personas no han sido vacunadas aún, a pesar que por la edad y por la etapa por la que avanza el PNV, debieran haber sido ya inmunizadas.

Esta última problemática, también se ha evidenciado en varios países del mundo en el proceso de vacunación contra el coronavirus SARS-Cov-2 y la razón pasa por la falta de disposición a aceptar esa estrategia de salud pública en algunos grupos poblacionales. Incluso se ha documentado esa circunstancia en países como los Estados Unidos de América y el mismo Israel, naciones en los que el avance de la vacunación ronda un tope del 60% del total de la población.

Ocurre que a pesar de la suficiente y variada disponibilidad de vacunas que existe hoy en estos países, la ubicación de las personas restantes por vacunar se hace difícil y cuando se logran ubicar, se observa en ellas una resistencia a dejarse vacunar y no resulta fácil el convencimiento para aceptar el beneficio de la inmunización.

Es innegable que las campañas de los movimientos anti-vacunas, los mitos, las noticias falsas, los conceptos sin fundamento científico que abundan en las redes sociales estigmatizando a la vacunación y ciertos hábitos sociales de algunos grupos poblacionales, son factores que han contribuido a que se genere esa incredulidad hacia la vacunación, la resistencia a acceder a esa estrategia de salud pública y por tanto aparezca la falta de disposición a aceptarla por parte de algunos de quienes deben ser sujeto de la vacunación para alcanzar así la llamada “inmunidad de rebaño”.

En Colombia está ocurriendo lo mismo que en los precitados países, habiéndose evidenciado la dificultad para ubicar y convencer a personas de ciertos grupos poblacionales que por su edad y por la etapa en la que está el PNV, debieran estar ya vacunadas y sin embargo no lo están. Todo esto a pesar de lo que ya se mencionó y que casi a diario informa el Ministerio de Salud, que existe en territorio colombiano una variada y suficiente disponibilidad de vacunas.

Especial preocupación genera que muchas de esas personas pendientes de vacunarse sean de la población mayor, porque precisamente fue la población adulta mayor la primera en priorizarse y el orden de su vacunación se dispuso en las primeras etapas aperturadas en el PNV. Esa priorización justamente obedeció a que este grupo poblacional es el más vulnerable a los efectos devastadores del coronavirus y por tanto el que más resultó afectado tanto en morbilidad como en mortalidad en el primer año de la pandemia, antes que se diera la consecución de la vacuna.

Durante el tiempo que lleva activo el PNV en el país, el efecto protector de la vacuna en la población mayor se ha traducido en la disminución efectiva de la mortalidad de este grupo de personas por causa del virus, lo que muestra el beneficio innegable de esta estrategia protectora y preventiva.

Por eso, todos los intervinientes en el PNV en este país, es decir, quienes lo asesoran, quienes lo dirigen y quienes lo llevan a la práctica en el terreno, deben anticiparse a todos los frenos y obstáculos que se han documentado en otros países y que también se pueden estar generando en Colombia y que podrían dilatar y posponer aquí el porcentaje de vacunación que signifique la anhelada “inmunidad de rebaño”.     

Si bien es cierto que la vacunación que actualmente se adelanta en el mundo y en Colombia, por sí sola no va a acabar con la actual pandemia, debiéndose complementar con pruebas, rastreo de contactos, aislamiento, uso de tapabocas, distanciamiento físico, higiene de manos, comunicación efectiva con el público y eventuales cuarentenas si es el caso, no es menos cierto que debe ser prioritario ubicar a la población pendiente de ser vacunada y que por las razones anteriores, ya debiera estarlo.

En ese orden de ideas, en Colombia hay suficiente disponibilidad de vacunas y por tanto no puede quedar población mayor pendiente de vacunar, hay que ubicarla a como dé lugar y a hay que convencerla de los beneficios la vacunación. Además hay que salirle al paso a los frenos que en estos momento han impedido la inmunización de esta población de riesgo, hay que dejarles en claro a sus familiares de lo importante de esta medida protectora y salvadora para los mayores, debe hacerse con información científica que controvierta y desmienta los mitos y las noticias falsas frente a la vacunación y a las vacunas.

Así las cosas, para alcanzar no solo la meta de vacunación que dispuso el Gobierno Nacional del 70% que se definió en el mes de febrero, sino para llegar ojalá al 100% de la vacunación de toda la población susceptible y vulnerable como es la mayor, pero también para mantener de manera constante el ritmo ascendente de ese proceso, hay que ayudar a ubicar a nuestros queridos viejitos y a todos los que ya debieran estar vacunados, convencerlos que al vacunarse ellos protegerán sus vidas así como las de sus familias, que también protegerán las vidas de quienes tengan contacto con ellos, que si se vacunan entonces Colombia podrá alcanzar la protección colectiva contra el coronavirus que tantos muertos y daños ha causado en el país y que la vacunación de ellos es un acto de solidaridad porque así estamos protegiéndonos todos.

Por lo tanto, si tiene en la casa un adulto mayor o alguien que debiendo estar vacunado contra el coronavirus aún no lo está o conoce de alguien en esa condición, recuerde que “si lo convence, nos ayudamos todos”.

 

[1] Es: Médico Cirujano, Especialista en Gerencia de Servicios de Salud y Especialista en Seguridad Social Latinoamericana. Ha sido: Vicepresidente de la Junta Directiva Nacional de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC), Consejero Nacional, Departamental (Atlántico) y Distrital (Barranquilla), de Seguridad Social en Salud, miembro de juntas directivas de IPS privadas y de empresas sociales del estado, asesor en salud de la Contraloría General de la República, gerente del Hospital Universitario CARI ESE. Actualmente: docente universitario, columnista en medios impresos y virtuales, consultor y asesor en servicios en salud, editor de NOTAS DE ACTUALIDAD EN EL SECTOR SALUD. Todas las columnas del autor encuéntrelas en https://ulahybeltranlopez.blogspot.com o solicítelas al contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Por José David Name Cardozo
Senador de la República
Partido de la U

Con la aprobación de trascendentales iniciativas de nuestra autoría, en el reciente periodo legislativo, marcamos el nacimiento de nuevas leyes que serán de impacto en la sociedad. El exitoso balance que nos dejó este tercer año es resultado del trabajo dedicado y comprometido que con responsabilidad realizamos desde el Congreso de la República.

Estamos satisfechos con el respaldo que el Senado y la Cámara le dieron a nuestros proyectos, entre ellos, la reglamentación de la cadena perpetua para violadores y asesinos de menores de edad, y la ley de transición energética, iniciativas que ya fueron sancionadas por el Presidente de la República, con las que se empieza a escribir una nueva historia en Colombia.

El periodo constitucional que inicia mañana llega cargado de retos. Sin duda, el nuevo proyecto de ley de reforma tributaria, que será presentado por el Gobierno Nacional, tendrá todas las miradas. No solo por el malestar que causó la anterior iniciativa, que condujo a la protesta social, sino también por la urgente necesidad que existe de aliviar las finanzas públicas, cubrir el déficit fiscal y financiar los altos costos de la pandemia.

Esta nueva propuesta, menos ambiciosa que el anterior pero más aterrizada a la realidad, busca recaudar 15,2 billones de pesos, que según ha informado el Gobierno serán pagados en su mayoría por las empresas. Desde el Congreso estamos atentos a su radicación para iniciar su revisión exhaustiva y posterior debate, que daremos de cara a los ciudadanos, quienes son parte fundamental en esta construcción.

La pérdida del grado de inversión de Colombia, acelerada por el inevitable reversazo de la pasada reforma tributaria y el estallido social, podría producir un largo efecto negativo sobre la inversión y la confianza. Mejorar las perspectivas de nuestra economía y aclarar el panorama del país es determinante para evitar que lleguemos a indeseables ciclos en el desempeño económico.

Continuando la línea que durante años hemos trazado por la defensa de la salud y el medio ambiente, en nuestra agenda legislativa tenemos en trámite proyectos como el de cigarrillos electrónicos, que se encuentra pendiente de discusión en segundo debate Senado; la reducción de emisiones vehiculares contaminantes provenientes de la gasolina; la formulación y ejecución por parte del Gobierno Nacional del Plan Maestro Nacional Para La Gestión Integral de Los Residuos Sólidos; la creación e implementación de la Cátedra de Educación Emocional en los niveles preescolar, básica y media, de todas las instituciones educativas del país, entre otros.

En este último periodo legislativo, el papel del Congreso será determinante para encauzar el destino del país. Como demócrata creyente de que la convivencia pacífica es el único y real camino para la transformación política, el desarrollo económico y la estabilidad social, soy un aliado de la construcción a través de consensos. Por ello, seguiré propiciando distintos espacios para la búsqueda de soluciones a las problemáticas que afectan a los colombianos.

Investidos del espíritu del legislador que a conciencia contribuye al bienestar colectivo, los senadores y representantes tenemos la gran responsabilidad de profundizar, durante este cuarto periodo, el quehacer legislativo y los debates de control político en procura de proteger a los colombianos. Promover el debate participativo, en el que se escuchen a todos los sectores ciudadanos, será determinante para entregarle al país nuevas normas acordes a sus necesidades y realidad.

El desafío que tenemos por delante en este periodo es inmenso, no solo nos encontramos ante un ambiente de gran malestar social, sino que también estamos ante una nueva realidad mundial que nos exige grandes y profundos cambios, a los que tenemos que enfrentarnos impulsando y ejerciendo la participación de todos. En medio de los múltiples conflictos que se viven en nuestro país, debemos tener claro que la única manera de salir adelante es que todos empecemos a jalonar hacia el mismo lado. Necesitamos unirnos para superar la gran crisis social, económica y sanitaria.

Por: Ulahy Beltrán López [1]

De los errores se aprende pero cuando se actúa de manera inoportuna y de manera no pertinente, el aprendizaje basado en los errores resulta ser muy costoso y más si se trata de la salud y la vida de las personas. Esa es una de las conclusiones que resultan del informe del análisis hecho sobre el desarrollo de la pandemia de Covid-19 por parte de un panel independiente de expertos designado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que fue publicado de manera reciente por la Organización de las Nacionales Unidas (ONU).

Para este panel de expertos, presidido por Helen Clark, ex-Primera Ministra de Nueva Zelandia, con la presencia de otras personalidades públicas como Ellen Johnson Sirleaf, ex-Presidenta de Liberia, sigue siendo vigente que “prevenir es mejor que curar”, sin embargo manifestaron preocupación que después de más de año y medio de esta pandemia, en caso que apareciera una pandemia generada por un nuevo virus altamente infeccioso, los países en el mundo seguirían sin estar preparados debidamente para enfrentar dicha circunstancia. 

Según el reporte publicado del análisis, (titulado en inglés “Top COVID probe urges bold overhaul of pandemic prevention measures”), hubo dos hechos que fueron momentos inoportunos en el manejo inicial de la pandemia que hasta este momento ha generado más de 4 millones de decesos y ya son casi 186 millones de personas las que se han contagiado con el SARS-Cov-2 causante de la enfermedad Covid-19.

La primera acción inoportuna corresponde al tiempo que transcurrió entre la detección del virus SARS-CoV-2 en China a finales de 2019 cuando se notificó un conglomerado de casos de neumonía a mediados de diciembre de ese año hasta la declaración de una Emergencia de Salud Pública de Importancia por la Organización Mundial de la Salud el 30 de enero de 2021. Según el panel de expertos ese tiempo transcurrido “fue demasiado largo”.

Y la otra inoportunidad a la que llaman en el reporte “el mes perdido”, es lo ocurrido en febrero de 2020 cuando muchos países podrían haber decidido acciones para bloquear la propagación del virus generador de la pandemia y de esa forma se hubiese podido “prevenir la catástrofe sanitaria, social y económica mundial que todavía persiste”.

De igual forma, los conformantes del panel concluyeron que las medidas de salud pública que aplicaron los diferentes países en el mundo tratando de controlar la propagación del virus fueron muy variadas, unas muy agresivas tratando de contener la pandemia mientras que otros se enfocaron solo a mitigar los peores impactos que se iban causando, evidenciándose que faltó y sigue faltando un enfoque armónico e integral en el que los países aplicaran medidas de salud públicas consistentes y de acuerdo con la situación epidemiológica de cada momento en cada lugar.

De igual forma, el documento expresa de manera enfática que los tomadores de decisión en cada país, es decir los jefes de Estado y de Gobierno, deben dirigir el combate contra este tipo de contingencias con un liderazgo que no se ha evidenciado en esta pandemia para poder minimizar las pérdidas en el frente de batalla.

Ante esa carencia de liderazgo técnico en quienes dirigen los países, la conclusión de los expertos independientes designados por la OMS, “el sistema actual es claramente inadecuado para evitar que otro patógeno nuevo y altamente infeccioso, que podría surgir en cualquier momento, provoque una pandemia”, se lee en el documento.

Según los expertos, la pandemia ha producido el trastorno de la sociedad, tiene en peligro a la población del mundo y ha aumentado las desigualdades ya existentes, denominándola “el Chernobyl del siglo XXI”, no por ser un accidente nuclear sino porque ha demostrado claramente la gravedad de la amenaza a la salud y bienestar de la humanidad, siendo aún más severo ese impacto en las personas que ya están marginadas y desfavorecidas, por lo que se considera a esta pandemia causada por el virus SARS-CoV-2 “la peor crisis combinada de salud y socioeconómica en la memoria viva del mundo, y una catástrofe en todos los niveles”.

Ante ese escenario, el panel propuso entre otras recomendaciones, una serie de reformas audaces y con visión de futuro, que incluyen establecer un Consejo Mundial sobre Amenazas para la Salud, establecer un nuevo sistema mundial de vigilancia basado en total transparencia, invertir ahora en la preparación nacional contra las pandemias y crear un mecanismo internacional de financiación frente a pandemias

Como se nota, son reformas transformadoras que exigen del compromiso de los Jefes de Estado y de Gobierno de los países y que ellos no pueden negarse a considerarlas pues la crisis provocada por la pandemia ha sido tan profunda y amplia que es responsabilidad de ellos transformar la manera en que el mundo se prepara y responde a las amenazas para la salud mundial.

De manera simultánea, para el panel designado por la OMS, el mundo debe reaccionar ante los altos niveles persistentes actuales de transmisión de SARSCoV-2, que continúan provocando un enorme número de casos y muertes, así como el desarrollo de variantes de virus, todo un compendio de circunstancias que está generando una carga intolerable a las sociedades y economías.

En ese sentido establece que la vacunación que actualmente se adelanta en el mundo, por sí sola no va a acabar con la actual pandemia, debiéndose complementarse con pruebas, rastreo de contactos, aislamiento, cuarentena, uso de tapabocas, distanciamiento físico, higiene de manos y comunicación efectiva con el público.

Tanto es así que el panel hizo un llamado a la comunidad internacional al a utilización de estrategias combinadas que se recomiendan para ponerle fin de a la pandemia o por lo menos para disminuir la propagación del virus entre las que están compartir vacunas y la suspensión de patentes para acordar la concesión voluntaria de licencias y la transferencia de tecnología.

 

En síntesis, el mundo tiene que prepararse urgentemente para seguir combatiendo la actual pandemia con todas las estrategias posibles y válidas, incluyendo la aplicación de las medidas de salud pública de probada eficacia a la escala necesaria para frenar la propagación del virus, pero también debe rápidamente incursionar en las transformaciones que requieren los sistemas de salud para evitar que un futuro brote se convierta en una nueva pandemia. Como también lo plantea el panel, “si no es ahora, ¿entonces cuándo?”. 

[1] Es: Médico Cirujano, Especialista en Gerencia de Servicios de Salud y Especialista en Seguridad Social Latinoamericana. Ha sido: Vicepresidente de la Junta Directiva Nacional de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC), Consejero Nacional, Departamental (Atlántico) y Distrital (Barranquilla), de Seguridad Social en Salud, miembro de juntas directivas de IPS privadas y de empresas sociales del estado, asesor en salud de la Contraloría General de la República, gerente del Hospital Universitario CARI ESE. Actualmente: docente universitario, columnista en medios impresos y virtuales, consultor y asesor en servicios en salud, editor de NOTAS DE ACTUALIDAD EN EL SECTOR SALUD. Todas las columnas del autor encuéntrelas en https://ulahybeltranlopez.blogspot.com o solicítelas al contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Por: Ulahy Beltrán López[1]



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