El masivo apagón que afectó a España, Portugal y Francia generó caos y preocupación entre los habitantes. Desde Madrid, el tubareño José Viloria, corresponsal por muchos años en Barcelona, relató en directo cómo se vivió la emergencia en la capital española, describiendo una situación de parálisis generalizada y una repentina incomunicación.
Según Viloria, al filo de las 12:23 del mediodía hora española, la actividad se detuvo en gran parte de la península ibérica y el sur de Francia. La caída de las redes dejó a la población sin comunicación telefónica ni telemática, generando pánico y una inmediata afluencia masiva a los supermercados en busca de provisiones. El corresponsal destacó un aumento significativo en la venta de electrodomésticos, especialmente radios, ante la falta de otras formas de información.
La magnitud del corte de energía se evidenció en la drástica caída de la potencia, pasando de 25.184 MW a 12.425 MW en cuestión de segundos. Esto afectó gravemente el transporte, especialmente el ferroviario, dejando trenes detenidos en las vías y pasajeros varados durante horas. El servicio de transporte público en general, incluyendo trenes, metros y autobuses, amaneció gratuito en España como medida paliativa por los inconvenientes causados.
Viloria compartió anécdotas personales y de conocidos, como el caso de un amigo que tuvo que caminar 13 kilómetros por una autovía para llegar a su casa y la experiencia de su esposa al recurrir a una vieja radio familiar para informarse ante la ausencia de internet y televisión. Este último detalle subraya el inesperado protagonismo de la radio como fuente crucial de noticias durante la emergencia.
El atlanticense enfatizó la fragilidad del sistema y cómo en cuestión de segundos una sociedad moderna puede quedar incomunicada. A pesar de que el servicio se ha recuperado en gran medida, la experiencia dejó una sensación de vulnerabilidad y evidenció la dependencia de la energía eléctrica para las actividades cotidianas, desde la comunicación hasta las compras en supermercados, donde incluso las cajas registradoras dejaron de funcionar. El apagón, aunque sin pérdidas humanas significativas, generó un caos generalizado y un susto considerable entre la población.
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