“La eterna impunidad de los magnicidios en Colombia”: Porfirio Castillo

En Colombia, el término magnicidio se refiere a la muerte violenta de una persona de gran relevancia política o social, generalmente en razón del cargo que ocupa o de su influencia en la vida pública. Estos crímenes, que deberían sacudir los cimientos de la institucionalidad y movilizar a la justicia, han terminado por convertirse en una dolorosa constante de la historia nacional, marcada por la impunidad y la repetición de la violencia. El asesinato del senador Miguel Uribe Turbay, ocurrido en Bogotá el 10 de agosto de 2025, 64 días después de sobrevivir a un atentado, se inscribe en esta larga y trágica lista.

El analista político y abogado constitucionalista Porfirio Castillo Zamora lo expresó con crudeza: “No hemos sembrado sino una semilla de violencia que termina en una eterna primavera del crimen”. Para Castillo, la tragedia no se limita al caso de Miguel Uribe, sino que forma parte de una cadena histórica de asesinatos políticos que revela la incapacidad del país para romper con su cultura de eliminación del contradictor.

Rafael Uribe Uribe: el primer amnistiado asesinado

La lista de magnicidios modernos en Colombia se remonta al 15 de octubre de 1914, cuando Rafael Uribe Uribe, general de las tropas liberales derrotadas en la Guerra de los Mil Días, fue asesinado a hachazos en un costado del Capitolio Nacional. Uribe Uribe no solo era un prestigioso político, abogado, diplomático y periodista, sino también el primer amnistiado y desmovilizado asesinado tras firmar la paz con los vencedores. Su muerte simboliza, en palabras de Castillo, esa “semilla de violencia” que germina incluso en tiempos de reconciliación.

Jorge Eliécer Gaitán y Gabriel Turbay: la historia que consagra a uno y olvida al otro

El 9 de abril de 1948, el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, favorito en las elecciones presidenciales de 1949, desató el Bogotazo: una ola de violencia, saqueos y destrucción que marcó para siempre la historia del país. Gaitán, quien había ganado notoriedad como orador y líder popular, fue asesinado a tiros cuando salía de su despacho en el centro de Bogotá.

Sin embargo, Castillo llama la atención sobre otro protagonista de esa época: Gabriel Turbay, también liberal y rival de Gaitán, cuya memoria ha sido prácticamente borrada. “A la historia le da más visibilidad al agitador que al hombre sereno, que al estadista que cree en su país”, afirma el analista, quien recuerda que Turbay murió en 1947, decepcionado por las traiciones de su partido. Para Castillo, Gaitán representaba un populismo fascista disfrazado de liberalismo, mientras que Turbay encarnaba la visión progresista y diplomática.

Esta relectura histórica, señala, evidencia cómo los discursos polarizados —de un lado y del otro— han nutrido una narrativa que justifica la eliminación física del adversario.

Jaime Pardo Leal y la Unión Patriótica: exterminio de la esperanza

En la segunda mitad del siglo XX, la violencia política golpeó a la izquierda con especial crudeza. El caso más emblemático fue el de Jaime Pardo Leal, candidato presidencial de la Unión Patriótica (UP), asesinado en 1987. La UP, surgida como un intento de paz entre el presidente Belisario Betancur y las FARC, sufrió el exterminio de al menos 5.000 de sus miembros y simpatizantes.

Castillo recuerda que Betancur, conservador y demócrata cristiano, creía que la exclusión política generaba violencia. En su Comisión de Paz participaron figuras de distintos partidos, incluyendo conservadores destacados. Pero la magnitud de la matanza contra la UP demostró que, aun con voluntad de diálogo, el aparato de exterminio político seguía intacto.

La impunidad como norma

Para Castillo, uno de los rasgos más perversos de los magnicidios en Colombia es su destino casi inevitable: la impunidad. “Hubiera interesado que cogieran vivo al autor intelectual para que el crimen no vaya a la eterna impunidad, donde quedan todos los crímenes en Colombia”, lamenta, en referencia a las investigaciones sobre el asesinato de Miguel Uribe Turbay.

En su análisis, la violencia política ha mutado: antes era principalmente rural e ideológica; hoy combina motivaciones económicas y control territorial, afectando tanto zonas rurales como urbanas. Los sicarios, dice, son asesinados minutos después de cumplir su misión, cerrando cualquier posibilidad de llegar a los autores intelectuales.

Fascismo y eliminación del contradictor

Uno de los conceptos centrales que plantea Castillo es que Colombia ha cultivado una mentalidad fascista transversal. “Fascismo es aquella doctrina en la cual al contradictor político no se le considera un contradictor, sino un enemigo al que hay que eliminar”, explica. Esta mentalidad, agrega, ha sido compartida por actores de izquierda, derecha y centro, alimentando un ciclo de persecución y muerte que impide construir un proyecto nacional basado en el respeto por la vida.

El analista criticó con dureza a figuras públicas que, desde ambas orillas ideológicas, han utilizado los magnicidios para hacer proselitismo o agitar la confrontación, mencionando por nombre al pastor Saavedra y a María Fernanda Cabal. En contraste, valora la actitud respetuosa de voces como las de Andrea Petro, Sofía Petro y Nicolás Petro, así como el mensaje de la esposa de Miguel Uribe, María Claudia Tarazona, quien pidió que su muerte no fuera usada para incitar a la violencia.

Miguel Uribe Turbay: tragedia reciente y llamado a la unidad

El asesinato de Miguel Uribe Turbay, senador y figura visible del Centro Democrático, representa para Castillo un punto de inflexión. Aunque no compartía sus ideas políticas, afirma: “Hay una idea que nos une a todos: defender la vida, la honra y el bienestar de los colombianos”. La reacción de María Claudia Tarazona, pidiendo unidad, paz y amor, la considera un gesto de grandeza: “La grandeza de uno está cuando tiende la mano a su contradictor en el momento en que la vida reclama la unidad, la paz y la solidaridad”.

En medio del dolor, el analista insiste en que el país debe cambiar la retórica, reencontrarse con la verdad y reconocer que el dolor de un hijo o un padre puede ser el de todos. “El crimen contra uno es contra otro”, afirma.

Para Castillo, Colombia vive una “patología terrible” que se manifiesta en su incapacidad para romper el ciclo de violencia política. La construcción de paz no se logra únicamente con acuerdos ni con abrazos a criminales, sino con actos concretos que reconozcan el valor de la dignidad humana y el derecho a la vida.

El mensaje que deja es claro: es urgente construir una identidad nacional basada en el respeto mutuo, donde la controversia política sea un debate de ideas y no de eliminación física. “Como vamos, no vamos mal: vamos peor que como hemos venido”, advierte. Sin unidad y sin respeto por la vida, concluye, no habrá política, ideología ni victoria electoral que valga la pena.

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Cronología de magnicidios de candidatos y precandidatos presidenciales en Colombia (1914 – 2025)

  1. Rafael Uribe Uribe
    15 de octubre de 1914 — Bogotá
    Líder liberal y militar. Fue asesinado a machete en las escalinatas del Capitolio Nacional por dos carpinteros, en un hecho de fuerte impacto político para el liberalismo.
  2. Jorge Eliécer Gaitán
    9 de abril de 1948 — Bogotá
    Candidato presidencial del Partido Liberal y líder popular. Su asesinato en el centro de la ciudad desencadenó el Bogotazo y un ciclo de violencia política nacional.
  3. Jaime Pardo Leal
    11 de octubre de 1987 — La Mesa, Cundinamarca
    Presidente de la Unión Patriótica y candidato presidencial en 1986. Fue acribillado cuando regresaba de su finca, en medio de un exterminio sistemático contra su partido.
  4. Luis Carlos Galán Sarmiento
    18 de agosto de 1989 — Soacha, Cundinamarca
    Precandidato presidencial del Partido Liberal y favorito en encuestas. Asesinado por sicarios en un acto público, en una operación atribuida al narcotráfico con complicidad política.
  5. Bernardo Jaramillo Ossa
    22 de marzo de 1990 — Bogotá
    Candidato presidencial de la Unión Patriótica. Fue asesinado en el Puente Aéreo del aeropuerto El Dorado por un sicario menor de edad.
  6. Carlos Pizarro Leongómez
    26 de abril de 1990 — En vuelo Bogotá–Barranquilla
    Candidato presidencial por la Alianza Democrática M-19. Fue asesinado por un sicario armado que abordó el avión, a pocas semanas de las elecciones.
  7. Álvaro Gómez Hurtado
    2 de noviembre de 1995 — Bogotá
    Político conservador, excandidato presidencial y figura clave del constitucionalismo de 1991. Asesinado a tiros al salir de la Universidad Sergio Arboleda; caso con múltiples teorías sobre autores intelectuales.
  8. Miguel Uribe Turbay
    11 de agosto de 2025 — Bogotá (fallecimiento; atentado en Villavicencio el 7 de junio de 2025)
    Senador del Centro Democrático y precandidato presidencial. Fue atacado a tiros por un sicario menor de edad durante un acto político y murió tras dos meses de hospitalización.

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