Filipinas enfrenta una emergencia humanitaria tras el terremoto de magnitud 7,8 que sacudió la isla de Mindanao y que deja hasta el momento 38 personas fallecidas, cuatro desaparecidas y más de 470 heridas.
De acuerdo con el balance oficial, unas 145.000 personas resultaron afectadas y más de 40.000 tuvieron que abandonar sus hogares debido a los daños ocasionados por el fuerte movimiento telúrico.
Uno de los sectores más golpeados fue el educativo: alrededor de 4 millones de niños quedaron sin poder asistir a clases luego de que más de mil escuelas presentaran daños parciales o destrucción.
Además del impacto en viviendas e infraestructura, varias zonas continúan sin energía eléctrica ni acceso estable a agua potable, mientras avanzan las labores de búsqueda, evaluación y atención a los afectados.
Organismos humanitarios alertaron sobre las consecuencias para la niñez, especialmente por el desplazamiento, la suspensión de actividades escolares y las afectaciones emocionales derivadas de la emergencia.
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