El Carnaval Educativo del Atlántico busca su lugar como patrimonio nacional en el Congreso

Lo que nació en 1999 como una iniciativa de aula para integrar la cultura y la pedagogía está a un paso de convertirse en ley de la República. Este miércoles, con el respaldo de la administración de Eduardo Verano, fue radicado en el Congreso un proyecto de ley que pretende elevar al Carnaval Educativo del Atlántico a la categoría de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación. La propuesta busca blindar jurídicamente y garantizar recursos para una de las expresiones más auténticas donde la escuela se toma la calle para enseñar convivencia.

El proyecto, impulsado por el representante Gersel Pérez y la secretaria de Educación departamental, Maribel Castro, no es un simple reconocimiento simbólico. De ser aprobado, facultaría al Ministerio de Cultura para implementar un Plan Especial de Salvaguarda (PES) y, lo más importante, permitiría la asignación de partidas del Presupuesto General de la Nación. Esto aseguraría que la logística y el despliegue de las festividades no dependan exclusivamente de la voluntad política de turno, sino que sea una política de Estado para proteger la memoria folclórica del departamento.

La versión de este 2026, celebrada en Sabanalarga, fue la prueba de fuego de su impacto social. Bajo el lema “La educación sale a la calle al ritmo de la convivencia”, más de 8.000 personas presenciaron un desfile donde 1.800 docentes y miles de estudiantes cambiaron los pupitres por comparsas. Más allá del baile, el evento es el resultado de un año de proyectos transversales en los colegios que abordan temas críticos como la prevención del embarazo adolescente y el respeto ciudadano, demostrando que el carnaval es, en esencia, una herramienta de transformación social.

Fundado por las educadoras Ana María Henríquez y Raquel Cuentas, este proceso ha escalado desde una pequeña ordenanza departamental en 2012 hasta esta ambiciosa proyección nacional. Para el gobernador Verano, este paso dignifica el trabajo de la comunidad educativa que ha resistido por más de dos décadas. Ahora, la expectativa se traslada a los pasillos del Capitolio, donde se definirá si esta mezcla de identidad y academia recibe el sello de patrimonio nacional, garantizando que el legado de los maestros del Atlántico permanezca vivo para las próximas generaciones.

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