La tienda de barrio, ese punto de encuentro tradicional donde el vecino deja las llaves, conversa sobre política o deportes y compra “la liguita” del día, enfrenta uno de sus momentos más desafiantes. Orlando Jiménez, presidente de UNDECO Atlántico, confirmó que la situación es una realidad tanto en Barranquilla como en el departamento.
“Esta es la realidad que se viene manejando con el canal tradicional, la tienda de barrio. La llegada de grandes competidores como Ara, D1, Ísimo y el renacimiento de formatos pequeños de Olímpica para llegar a los estratos 1, 2 y 3 han venido afectando fuertemente al sector”, aseguró Jiménez.
Explicó que hoy el vecino sigue visitando la tienda, pero ya no realiza allí su mercado principal.
“El cliente llega a comprar cosas mínimas, productos que se le agotaron, mientras que la compra grande la está haciendo en estas cadenas que se están expandiendo a lo largo y ancho de los barrios”, señaló.
Durante décadas, la tienda fue el eje comercial y social en sectores populares. Sin embargo, la competencia ha reducido su participación en el mercado. Aun así, Jiménez destacó que el rol social permanece intacto.
“La tienda sigue siendo el punto de encuentro, el lugar donde se conversa, donde el tendero es el confidente del barrio. Pero parte de la torta se ha ido desmigajando para el canal tradicional”, afirmó.
El dirigente gremial recordó que desde hace más de dos décadas venían analizando el fenómeno y buscando alternativas para proteger al sector. En los años 90, UNDECO impulsó una cooperativa llamada UNDECOP, cuyo objetivo era aplicar la economía de escala para que los tenderos pudieran comprar en volumen y obtener mejores precios.
“El fin era reunir a los tenderos para comprar directamente al productor y lograr promociones, descuentos y mejores condiciones. Era una forma de prepararnos ante lo que se venía”, explicó.
Hoy, ante la consolidación de las grandes superficies en barrios populares, el llamado es a la unión del gremio.
“No se trata de salvar un negocio individual, sino de salvar el sector. Si acabamos con el competidor, después el mercado queda en manos de unos pocos y pueden hacer lo que quieran con el consumidor”, advirtió.
Jiménez insistió en que aún hay tiempo para reaccionar.
“La ciudad todavía tiene oxígeno, todavía puede respirar. Pero si no nos unimos, nos hundimos”, enfatizó.
Finalmente, envió un mensaje de optimismo a los comerciantes en medio de la temporada de Carnaval:
“Que pasemos estos días en paz y que haya prosperidad y buenas ventas para el comercio”.
Mientras las grandes cadenas avanzan en los barrios, el tendero sigue siendo el vigía de la cuadra y el rostro cercano del comercio local. La pregunta que queda en el aire es si la unión del sector logrará frenar la caída y preservar una figura que ha sido parte esencial de la vida comunitaria en el Atlántico.