El sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno falleció este martes a los 82 años, dejando una trayectoria de más de cinco décadas dedicada a la defensa de los derechos humanos, el acompañamiento a víctimas de la violencia y la preservación de la memoria de comunidades afectadas por el conflicto en Colombia.
La comunidad colombiana de los Jesuitas confirmó su muerte y señaló que Giraldo falleció en un hospital, luego de sufrir una caída en su domicilio una semana atrás.
“Confiados en la promesa de la Resurrección, anunciamos con tristeza el fallecimiento del P. Javier Giraldo Moreno, SJ, quien hoy partió a la casa del Padre”, expresó la comunidad jesuita a través de sus redes sociales.
Graduado en Filosofía, con una maestría en Teología de la Universidad Javeriana y una especialización realizada en la Universidad de París, Giraldo dedicó gran parte de su vida a acompañar a víctimas de la violencia, documentar violaciones de derechos humanos y reconstruir la memoria de personas asesinadas o desaparecidas.
En 1988 participó, junto con otros jesuitas, en la fundación del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), organización desde la cual desarrolló durante años investigaciones sobre violencia política, desapariciones, desplazamiento y vulneraciones de derechos humanos en diferentes regiones del país.
Su trabajo estuvo marcado por el acompañamiento directo a comunidades vulnerables y a familiares que buscaban respuestas sobre el paradero de sus seres queridos. A través de testimonios y documentación, contribuyó a reconstruir hechos que durante años permanecieron en medio de la impunidad.
Uno de los procesos que marcó sus últimos años fue la búsqueda de los restos del sacerdote y sociólogo Camilo Torres Restrepo, conocido como el “cura guerrillero”, quien murió en 1966 durante un combate entre el Ejército y el ELN, después de incorporarse a esa guerrilla.
Giraldo dedicó años a investigar el paradero de los restos de Torres. Finalmente, en febrero de este año recibió sus restos de manos de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), cerrando uno de los capítulos más significativos de su trabajo por la memoria histórica.
Su trayectoria también estuvo relacionada con la documentación de graves hechos de violencia ocurridos en Colombia, entre ellos la masacre de Trujillo, en el Valle del Cauca. Durante el Gobierno de Ernesto Samper, Giraldo tuvo un papel destacado en la documentación y denuncia de estos hechos, por los cuales posteriormente el Estado colombiano reconoció su responsabilidad.
Tras conocerse su fallecimiento, diferentes sectores destacaron su legado. El expresidente Gustavo Petro recordó a Giraldo como uno de los principales defensores de los derechos humanos del país y resaltó el aporte de su trabajo investigativo para documentar la violencia ejercida por grupos paramilitares y otros actores armados.
Por su parte, el expresidente Ernesto Samper señaló que Giraldo fue un “hombre-símbolo” por las causas que defendió durante su vida y destacó su búsqueda permanente de la paz, la convivencia y la igualdad social.
Organizaciones defensoras de derechos humanos también lamentaron su muerte. Indepaz destacó que, en un país marcado por la violencia, la impunidad y la desigualdad, el sacerdote jesuita representó un ejemplo de resistencia no violenta y compromiso con la dignidad humana.
Más allá de su labor religiosa y académica, Javier Giraldo dejó una huella en la historia reciente de Colombia por su decisión de acompañar a quienes, durante décadas, tuvieron dificultades para ser escuchados. Su trabajo estuvo enfocado en preservar los testimonios de las víctimas y evitar que los hechos de violencia quedaran en el olvido.
Con su muerte, Colombia despide a una de las figuras religiosas y sociales que durante décadas convirtió la defensa de los derechos humanos, la búsqueda de la verdad y la memoria de las víctimas en el centro de su misión.
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